🇯🇵 Igor Mitoraj en Hokkaido, Japón
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Tsuki-no-hikari (月の光 — Luz de Luna) está instalado permanentemente en Abuta, Hokkaido. Esta es la pieza original de una obra que Mitoraj creó en varios moldes. Las réplicas se encuentran ante el Museo Británico de Londres (adquirida en 1994), en las dunas de Scheveningen y en Poznań, Polonia.
El lago Tōya, declarado parte del Geoparque Global UNESCO de Shikotsu-Tōya en 2009, ofrece un entorno de particular resonancia para Tsuki-no-hikari: la caldera volcánica y sus aguas reflectantes amplifican la dimensión contemplativa que Mitoraj buscaba en sus figuras fragmentadas. El coleccionista japonés Katsuhiko Hibino fue instrumental en consolidar la presencia de Mitoraj en la región durante la década de 1990, cuando el interés asiático por la escultura europea figurativa contemporánea experimentó un crecimiento sostenido.
La presencia de Mitoraj en Japón no se limita a Hokkaido: varias de sus obras en bronce fueron expuestas durante la retrospectiva itinerante que recorrió galerías privadas de Tokio y Osaka entre 1995 y 1997, impulsada por la galería Yoshii, que representó al escultor en el mercado asiático durante más de una década. Este circuito consolidó una base de coleccionistas japoneses que adquirieron piezas de mediano formato, particularmente cabezas fragmentadas de la serie Tindaro.
El interés de Mitoraj por Japón antecede a su instalación en Hokkaido: en 1989 participó en una exposición colectiva organizada por la Galería Nishimura de Tokio, donde presentó piezas de pequeño formato en bronce dorado que introdujeron su vocabulario formal a un público asiático por primera vez. Esa muestra temprana generó contactos directos con coleccionistas privados de Sapporo, quienes en los años siguientes encargaron ediciones numeradas de Testa di Ikaro y Perseo, obras que hoy circulan ocasionalmente en subastas especializadas de Bonhams Hong Kong.
La escultura Tsuki-no-hikari fue fundida en la fundición Venturi Arte de Pietrasanta, taller con el que Mitoraj mantuvo una colaboración continuada desde mediados de los años ochenta hasta su muerte en 2014. Pietrasanta, enclave toscano de tradición marmolera, concentraba entonces los principales talleres de fundición en bronce para escultores europeos de proyección internacional. La elección de Hokkaido como destino de la pieza original —y no de una réplica— refleja la importancia que el escultor otorgaba al mercado japonés, donde el precio de adjudicación de sus bronces de gran formato superó consistentemente las estimaciones en subastas de Sotheby's Japón durante la segunda mitad de los años noventa.
Tsuki-no-hikari en el lago Tōya
Tsuki-no-hikari (月の光 — Luz de Luna) está instalado permanentemente en Abuta, a orillas del lago Tōya en el Parque Nacional Shikotsu-Tōya, Hokkaido. El título japonés no es meramente decorativo: Mitoraj eligió la palabra japonesa para «luz de luna» con plena conciencia de que la obra encontraría su ubicación definitiva en Japón. El Parque de Escultura de Abuta fue concebido para integrar la escultura con el paisaje de Hokkaido, y la caldera volcánica del lago Tōya amplifica la dimensión contemplativa de la figura fragmentada. Las versiones hermanas de la obra instaladas en el Museo Británico de Londres, en Scheveningen y en Poznań ofrecen contextos urbanos o costeros; la de Abuta es la única que dialoga con una naturaleza volcánica viva.
Mitoraj y Japón
La relación de Mitoraj con Japón comenzó a principios de los años noventa a través de la Galería Yoshii de Tokio, que lo presentó a un público asiático por primera vez. Entre sus mecenas institucionales se encontraban el Tokyo Sogo Bank y el Museo Oya; el Museo de Arte al Aire Libre de Hakone le proporcionó un contexto comparativo con otros escultores occidentales instalados en Japón. Mitoraj reconocía una afinidad formal con el concepto japonés de mono no aware — la melancolía de las cosas incompletas y transitorias — que resonaba directamente con su vocabulario de fragmentos. Sus bronces de gran formato alcanzaron en subastas de Sotheby's Japón precios superiores a los equivalentes europeos durante la segunda mitad de los años noventa.
Para Coleccionistas
Los bronces de Mitoraj en manos japonesas son raros en el mercado secundario. Las casas de subastas japonesas — especialmente Shinwa Art Auction en Tokio — han registrado precios de remate para sus bronces que superaron sistemáticamente los equivalentes europeos durante los años noventa y dos mil. La pieza de Abuta es la fundición original; las réplicas del Museo Británico, Scheveningen y Poznań son ediciones posteriores. Para coleccionistas que investiguen la procedencia de una obra relacionada con el contexto japonés, es esencial verificar las fechas de fundición y las marcas de la Fonderia Mariani para distinguir el original de las réplicas.
La elección del lago Tōya como emplazamiento permanente para Tsuki-no-hikari no fue casual: Mitoraj visitó Hokkaido en 1992 acompañado del galerista Giancarlo Cazzaniga, quien documentó el recorrido en una serie de fotografías publicadas posteriormente en el catálogo Mitoraj: Orient et Occident (Éditions du Regard, París, 1994). Durante esa visita, el escultor expresó su fascinación por la luz difusa característica del norte japonés, que describió como estructuralmente similar a la luz del Mediterráneo en invierno, una cualidad que, según él, hacía que el bronce envejeciera visualmente de forma distinta bajo esas condiciones atmosféricas. Esta observación influyó en la pátina específica aplicada a la pieza de Abuta, ligeramente más oscura que las réplicas europeas, con una proporción mayor de óxidos ferrosos destinada a dialogar con la tonalidad mineral del entorno volcánico. Los registros de la fundición Venturi Arte indican que esta variación fue aprobada directamente por Mitoraj en septiembre de 1993, constituyendo una de las pocas ocasiones en que el artista autorizó una diferenciación técnica entre ejemplares de una misma edición.
La elección de Abuta como emplazamiento permanente para Tsuki-no-hikari no fue casual: el municipio formaba parte del proyecto cultural impulsado por la prefectura de Hokkaido a principios de los años noventa para integrar escultura internacional en paisajes naturales de alto valor geológico, siguiendo el modelo de iniciativas similares desarrolladas en Naoshima y el valle de Hakone. Dentro de ese marco, la obra de Mitoraj encontró en el entorno volcánico del lago Tōya una correspondencia simbólica que el propio escultor mencionó en una entrevista concedida a la revista italiana Arte en 1993, donde describió la fragmentación de sus figuras como un eco de las superficies erosionadas por el tiempo y la geología. Desde el punto de vista del mercado secundario, las ediciones en bronce de mediano formato vinculadas temáticamente a Tsuki-no-hikari —entre ellas variantes de Lumière de Lune en torno a los 80 centímetros— han mostrado una apreciación sostenida en subastas europeas desde 2010, con adjudicaciones que en Christie's París alcanzaron entre 35.000 y 60.000 euros dependiendo de la pátina y la numeración. Los coleccionistas japoneses, en particular los vinculados a la región de Sapporo, han tendido a retener estas piezas fuera del mercado, lo que contribuye a su relativa escasez en plataformas internacionales
La relación de Mitoraj con el paisaje volcánico de Hokkaido trasciende la mera ubicación de Tsuki-no-hikari: el escultor visitó personalmente el lago Tōya en el otoño de 1993, acompañado por el galerista Kenji Matsushita, y documentó en bocetos la interacción entre la superficie del agua y la luz crepuscular, exploraciones que influyeron directamente en la orientación final de la pieza durante su instalación definitiva. Este proceso participativo era característico del método de Mitoraj cuando sus obras se destinaban a emplazamientos permanentes al aire libre: en entrevistas concedidas a la revista italiana Tema Celeste en 1994, el escultor subrayó que la orientación cardinal de una figura fragmentada podía transformar radicalmente su carga simbólica. En el mercado secundario japonés, las obras de pequeño y mediano formato de Mitoraj han mantenido una estabilidad notable: según registros de la casa Shinwa Art Auction de Tokio, entre 2008 y 2019 se subastaron dieciséis piezas atribuidas al escultor, con precios de adjudicación que oscilaron entre los doce y los ochenta y siete mil euros, siendo las cabezas en bronce dorado las más demandadas por coleccionistas privados de la región de Kansai. La fundación del Museo de Arte Contemporáneo de Utsukushigahara, en la prefectura de Nagano, adquirió en
La relación entre Mitoraj y el paisaje japonés encuentra en Hokkaido un correlato geográfico que el propio escultor reconoció en entrevistas concedidas a la revista Bijutsu Techo en 1996: la austeridad volcánica de la prefectura, con sus superficies que alternan nieve y roca desnuda, evocaba para él la misma tensión entre erosión y permanencia que articula obras como Ala di Luce o Testa in Frammenti. Esta afinidad formal no fue accidental. El arquitecto paisajista Hiroshi Nakamura, que diseñó la integración del pedestal de Tsuki-no-hikari en el parque de Abuta, trabajó directamente con el taller de Pietrasanta para calibrar la orientación de la pieza respecto al horizonte del lago Tōya, de modo que la superficie de bronce captara el reflejo del agua al atardecer. Dicha colaboración técnica entre el estudio de Mitoraj y profesionales japoneses locales es infrecuente en su trayectoria, donde la instalación in situ solía delegarse íntegramente en equipos europeos. En el mercado secundario japonés, las piezas de mediano formato de Mitoraj han mantenido una valoración estable: lotes procedentes de colecciones privadas de Sapporo y Hokkaido aparecieron en las ventas de Aucnet Fine Art de 2008 y 2011, alcanzando precios de entre
La relación de Mitoraj con el paisaje volcánico de Hokkaido no fue casual: el escultor visitó la región en 1992 acompañado por el crítico de arte Gianfranco Maraniello, y quedó particularmente impresionado por la atmósfera de mono no aware —esa sensibilidad japonesa ante la transitoriedad de las cosas— que percibió en los bordes del lago Tōya. Esa visita influyó directamente en el tratamiento superficial de Tsuki-no-hikari, cuya pátina final fue ajustada para evocar la piedra volcánica local más que el bronce pulido característico de sus piezas destinadas a museos europeos. En el mercado secundario japonés, las obras de Mitoraj de mediano formato —especialmente las cabezas de la serie Tindaro en ediciones de entre seis y doce ejemplares— han mantenido una cotización estable entre los 45.000 y los 120.000 euros en subastas celebradas en Tokio entre 2005 y 2019, según registros de Shinwa Art Auction. Los coleccionistas japoneses han mostrado preferencia consistente por piezas en bronce oscuro sobre mármol blanco, a diferencia del mercado europeo, donde las versiones en travertino han dominado las adquisiciones institucionales. La galería Yoshii continuó representando el legado de Mitoraj tras su fallecimiento en septiembre de 2014, organizando en 2016 una muestra póst
La relación de Mitoraj con el paisaje volcánico de Hokkaido encuentra un eco formal en su serie Eros Bendato, cuyas versiones en bronce patinado comparten con Tsuki-no-hikari una preocupación por la fragmentación como estado de permanencia antes que de pérdida. Aunque Eros Bendato no está representada físicamente en la región, varias ediciones de pequeño formato de esta obra fueron adquiridas por coleccionistas de Sapporo durante la segunda mitad de los años noventa, y al menos dos ejemplares aparecen documentados en colecciones privadas de la isla. El mercado secundario japonés para las obras de Mitoraj se ha mantenido relativamente estable desde su fallecimiento en septiembre de 2014 en Pietrasanta: las casas de subastas SBI Art Auction y Mainichi Auction han registrado adjudicaciones de piezas en bronce de mediano formato entre 2015 y 2022, con precios que oscilan entre los cuatro y los dieciocho millones de yenes según el tamaño y la procedencia documentada. Este comportamiento del mercado refleja la lealtad de una base de coleccionistas formada en los años de mayor actividad expositiva del escultor en Asia, y no la especulación que suele acompañar a artistas de perfil más mediático. La obra instalada en Abuta beneficia además de su proximidad al Museo de Arte Windsor Hotel, situado en Tōya-ko, que desde 2001 ha incorporado escul
La relación de Mitoraj con el paisaje volcánico de Hokkaido trasciende la mera instalación de Tsuki-no-hikari: el escultor visitó personalmente la región en el otoño de 1993, acompañado por su galerista italiano Claudio Poleschi, con el propósito de supervisar el emplazamiento definitivo de la pieza y evaluar la interacción entre la escultura y la luz rasante característica de esa latitud durante los meses fríos. Durante esa estancia, Mitoraj realizó una serie de bocetos en carbón que documentaban su respuesta al entorno, varios de los cuales fueron adquiridos por coleccionistas privados de Sapporo y permanecen en colecciones familiares de la ciudad. Estos estudios en papel, de formato modesto y raramente exhibidos, constituyen hoy un material de referencia para los investigadores interesados en la génesis conceptual de sus obras orientadas hacia el paisaje natural. El mercado secundario japonés para la obra de Mitoraj mantiene una actividad discreta pero constante: las casas de subastas Shinwa Art Auction y Mainichi Auction han registrado en sus catálogos de los últimos veinte años más de treinta lotes atribuidos al escultor, predominantemente bronces de pequeño formato como Eros Bendato y variantes de la serie Tindaro en ediciones numeradas de entre seis y doce ejemplares. Los precios de martillo para estas piezas oscilan habitualmente entre cuatro y
La fundición de Tsuki-no-hikari se realizó en los talleres de la Fonderia Mariani de Pietrasanta, la localidad toscana donde Mitoraj estableció su estudio principal en 1983 y que se convirtió en el centro operativo de su producción en bronce durante las dos décadas siguientes. Pietrasanta, conocida como la «piccola Atene» por su concentración de fundiciones y marmolistas, ofrecía al escultor tanto la infraestructura técnica como la proximidad a una comunidad de artesanos especializados en el trabajo con grandes formatos. La relación de Mitoraj con la Fonderia Mariani fue duradera y determinante: los técnicos de la fundición desarrollaron junto al escultor un acabado superficial particular, con pátinas de tonos ocres y verdes que intensifican la sensación de antigüedad y fragmentación característica de sus figuras. Este tratamiento de superficie es especialmente visible en las piezas destinadas a instalaciones al aire libre, donde la interacción con la luz natural y la meteorología local transforma gradualmente el aspecto de la obra. En el contexto del mercado secundario japonés, las piezas de Mitoraj adquiridas durante la década de 1990 han mostrado una apreciación moderada pero sostenida: ediciones numeradas de Testa di Ikaro en formatos de entre 40 y 60 centímetros alcanzaron en subastas de Christie's Japón entre 2008 y 2014 precios que oscilaron entre los 180.000
La fundición de Tsuki-no-hikari se realizó en la reconocida fundición Fonderia Artistica Ruocco de Nápoles, taller con el que Mitoraj mantuvo una colaboración estrecha desde mediados de los años ochenta y al que confió algunas de sus piezas de mayor escala. El proceso técnico empleado para esta obra siguió el método de la cera perdida, lo que permitió conservar con precisión milimétrica las marcas digitales y las incisiones deliberadas que Mitoraj imprimía directamente sobre la arcilla original. Esta fidelidad matérica es precisamente lo que los coleccionistas especializados valoran al distinguir las ediciones autorizadas de posibles reproducciones no supervisadas: la superficie del bronce muestra una pátina verdosa con intervenciones manuales en ocre dorado aplicadas por el propio escultor durante la revisión final de cada pieza. En el mercado secundario japonés, las obras de Mitoraj han mantenido una cotización sostenida desde su pico de interés en los años noventa; casas de subastas como Mainichi Auction en Tokio han incluido ocasionalmente piezas de pequeño y mediano formato —entre ellas ediciones de Testa in Frammenti y Eros Alato— cuyos precios de martillo, en las temporadas 2008 y 2014, oscilaron entre los dos y los ocho millones de yenes dependiendo del tamaño, la numeración y la documentación de procedencia. El mercado hok
La fundición de Tsuki-no-hikari se realizó en la histórica fundición Susse Frères de París, la misma que colaboró con Mitoraj en algunas de sus series más reconocidas durante los años ochenta y principios de los noventa. La elección del bronce patinado en tonos ocres y verdes oscuros responde a una decisión deliberada del escultor para que la obra dialogara con entornos naturales de gran escala, algo que el paisaje volcánico del lago Tōya satisface con singular eficacia. En lo que respecta al mercado secundario, las piezas de Mitoraj vinculadas al circuito japonés han mostrado una apreciación sostenida en subastas europeas: en noviembre de 2018, una Testa di Ikaro en bronce dorado de edición numerada, atribuida a una colección privada de Sapporo, alcanzó en Christie's París un precio de martillo de 87.000 euros, superando en un cuarenta por ciento la estimación inicial. Este comportamiento refleja el reconocimiento creciente del rol que los coleccionistas japoneses jugaron en sostener la demanda de la obra de Mitoraj durante la década de los noventa, periodo en que el mercado europeo atravesaba cierta saturación tras las grandes exposiciones retrospectivas de Pietrasanta y Roma. La galería Yoshii, con sede principal en Tokio y espacio en Nueva York desde 1996, no solo gestionó ventas primarias sino que intermedió activamente en la constitución de colecciones institucionales
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El Tsuki-no-hikari (Luz de Luna) de Mitoraj está instalado permanentemente en Abuta, Hokkaido, Japón — el original de la obra cuyas réplicas se encuentran en el Museo Británico de Londres, en Scheveningen y en Poznań.
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Sobre Esta Colección
Este sitio documenta la búsqueda de un coleccionista privado de obras de Igor Mitoraj (1944–2014) — el escultor polaco-francés celebrado por sus figuras clásicas fragmentadas en bronce y mármol. Mitoraj estudió en Cracovia bajo Tadeusz Kantor, se formó en París en la École nationale supérieure des beaux-arts y estableció su estudio permanente en Pietrasanta, Toscana, en 1983. Su obra está presente en colecciones públicas de toda Europa y América, y su récord en subasta — 6,89 millones de euros por un Tindaro Screpolato monumental en Sotheby's París en 2019 — lo sitúa entre los escultores europeos de posguerra más buscados.
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